El desarrollo de nuevas tecnologías ha hecho evolucionar los sueños del ser humano, y con ello, la ambición de sus corazones, dando en algún punto nacimiento al voraz fenómeno de la hiper industrialización cultural, un monstruo que ha dañado y acabado con toda una generación de creadores, atrapándolos en una enorme e inteligentemente tejida telaraña industrial, de la que es casi que imposible escapar.
La industria japonesa del Anime es un buen sitio frente
al que sentarse a observar la cantidad de mentes que pudieron llegar a ser y no
fueron.
El Anime, aunque normalmente es un concepto que se
utiliza en occidente para englobar todo lo que se derive de un particular
estilo de dibujo japonés, en realidad se limita a ser todo producto de
animación japonesa. Al menos el 95% de los Animes que se transmiten en un año
son adaptaciones de Novelas Ligeras (Una clase de literatura caracterizada por
el uso de una gramática simple) o de Mangas (Equivalente japonés de la
historieta).
Las razones detrás de este desinterés no son por menos.
Hasta el momento, las casas animadoras han trabajado con base en la observación
de las dinámicas de mercado, invirtiendo en la adaptación de franquicias que
tengan ya un público consolidado, consumidores fijos. Ninguna compañía suele
invertir en un proyecto que no le garantiza una retribución económica, porque
los costos de la animación de un proyecto 2D son particularmente altos, y
cualquier paso en falso puede decantarse en el cierre de la casa animadora.
La situación se puede comprobar de forma sencilla:
Ufotable es una de las casas animadoras más reconocidas de la última década,
desde 2012 su nombre ha resonado en la industria con títulos que se mantienen en
lo alto de los rankings, llegando incluso en 2020 a contar con el mega éxito de
“Kimetsu no Yaiba: Mugen Ressha-hen”, una película que batió récords en la
taquilla japonesa. Muy a pesar de estos números, en 2021 Hikaru Kondo,
presidente de la compañía, fue judicializado por evasión de impuestos y recibió
una condena de un año y ocho meses de prisión. En la entrevista que fue
posteriormente realizada a Kondo, destacan verdades de la industria como “La
calidad de animación exigida siempre es mayor, pero los costes que los clientes
están dispuestos a pagar son bajos, siempre acabamos en números rojos”, “De
hecho, solo obtenemos beneficios de la venta de nuestros productos, gracias a
este factor hemos podido seguir produciendo animaciones” y “Nuestra empresa tiene suerte porque
tenemos un éxito en taquilla, de lo contrario, iríamos a la quiebra”.
Como solución a un modelo tan económicamente frágil, esta
industria se ha mantenido firme sobre ciertos lineamientos que buscan evitar
que las obras animadas se conviertan en un fracaso financiero, lo que termina
llevando a la producción en masa de historias sobre lo mismo y con los mismos.
Después de todo, siendo conscientes de que las casas animadoras no adaptarán
sus obras si les temen por salirse de sus estándares, los escritores de manga y
novelas ligeras no han parado de publicar contenido que se ajusta a esta “fórmula
del éxito”, con obras enfocadas en audiencias jóvenes que poco o nada ponen a
pensar, llegando incluso a tener el descaro de ser narrativamente una fiel
copia de otras obras, pero con un diseño de personajes diferente (Lo que se
traduce en un cambio en el merchandising), como es el caso de Rakudai Kishi no
Cavalry y Gakusen Toshi Asterisk.
Eventualmente, esto crea una enorme bola de obras de inexistente
profundidad narrativa y/o temática, porque lo que importa para esta industria no
es la obra, sino las ganancias que esta produce a través de la mercancía.
En el caso de intentar solucionar el problema de raíz
motivando a los escritores a escribir contenido más decente, las editoriales
tendrían que ser más estrictas con sus filtros, lo que no solo significa que se
arriesgan a fracasos comerciales, sino también que tendrían que brindar mejores
garantías económicas a sus asociados, asunto casi que imposible de realizar en
tanto las obras son publicadas a través de productos de bajo costo, justamente
pensando en que sean más fáciles de adquirir para su público objetivo. En tanto
la formación de buenos escritores se produce en un reducido porcentaje, los
productos que salen al mercado y tiempo después se convierten en Anime, no son
buenos en su mayoría.
Y aunque las nuevas tecnologías permitieron un drástico
aumento en la cantidad de productos que se animan en un año, debido a los problemas
que existen desde las bases de la industria, estos avances solo han empeorado
las cosas, crean oportunidades para que más pseudo-escritores logren ver animadas
sus obras vacías, generando así un círculo vicioso donde año tras año se adaptan
cientos de adefesios ricos en contenidos innecesariamente sexualizados que
rayan en lo absurdo y ensucian la esencia de narrar historias.
Si hay algo válido de resaltar es que, pese a lo angustiante que es este panorama, debemos reconocer que la industria está como está en un esfuerzo excesivo de arrastrarse con las uñas para sobrevivir en el tiempo. Lo peor es que, debido a las condiciones extremas bajo las que se fundamenta, es casi que imposible de erradicar, y cada vez que llegan a nuestra mente posibles formas de superarlo, no tardamos en darnos cuenta lo utópica que es la solución.
Andrés García Arias
Juan Francisco Marriaga de la Pava
Jorge Andrés
Echavarría Lizcano